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Rompiendo barreras
En la Secretaría de Extensión de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales, nos encontramos con los responsables del proyectos de extensión universitaria “Construyendo herramientas con jóvenes en contextos de encierro”, María Eugenia Vela y Juan José Garat, Secretario de Extensión de esa casa de altos estudios.
Rompiendo Barreras

  "Cuando asumí la secretaría en el 2014, había muchas cosa que me interesaban hacer y algo que nos habían propuesto era empezar a trabajar en centros de encierro juveniles. Algunos de los docentes de la Facultad, que no necesariamente participaban de la gestión de la Secretaría, habían tenido experiencias en trabajos en centros de detención de adultos, cárceles y nosotros queríamos avanzar en general en acciones que contemplen actores que no tuvieran historia de trabajo en la Universidad y demás eran actores que entendíamos que merecían tener otro tratamiento desde el Estado y desde la Universidad misma", explicó Juan José Garat.

 De esa manera, comenzaron las reuniones entre los docentes y responsables de la Secretaría de Extensión de Ciencias Agrarias y Forestales y responsables de distintos centros de encierro juveniles para luego visitarlos.  Garat dejó en claro que en todo momento trataron de manejarse con mucha cautela, ya que los centros juveniles de detención eran espacios a su vida profesional pero que lograron generar una historia alrededor de la formalización de la intervención de su Facultad en esos centros. Finalmente, se decidió realizar el trabajo en el Instituto COPA, dentro del complejo Nueva Esperanza en la zona de Abasto, dentro de la ciudad de La Plata.

 María Eugenia Vela fue, según Garat, la que más comprometida se mostró con el proyecto considerado por ambos como transformador para todos los actores que participan del mismo.

  Para desarrollar el proyecto, primero debieron realizar una convocatoria a los cursos de la Facultad que estuvieran interesados en participar para comenzar a pensar qué podían aportarle a los chicos con los que trabajarían.

 "La idea era ver desde dónde podíamos aportar nosotros con la generación de  herramientas para que cuando ellos salgan en libertad puedan aplicar las cuestiones técnico productivas que sentíamos que podíamos aportar y en ese sentido se convocó y se unieron varios grupos de trabajo para participar, sumando a un colectivo de trabajo en cárceles y estudiantes de la Facultad de Humanidades. Así empezamos a ir al Instituto.  

En primer lugar lo que se armó fueron una serie de bloques de trabajo, como compos, apicultura, etc. porque ellos tienen un espacio verde donde podíamos trabajar haciendo la huerta de otoño- invierno y primavera - verano. También se sumó la gente de vivero forestal, la gente de morfología que trabajó con todo lo que era diferencia entre sustratos y el armado de plantines ornamentales para que se los pudieran dar a las familias y la gente de apicultura con el material para la colmena", contó Vela.

  Desde hace dos años, este equipo de trabajo que no para de crecer, ya que continuamente se suman estudiantes interesados en este proyecto, visita el COPA para compartir aprendizajes con los jóvenes privados de su libertad.

 "Cuando la Secretaría de Extensión cambió, el equipo mostró otro interés. El agrónomo no necesariamente está para trabajar en el campo o asesorar, sino que abordando lo productivo puede trabajar en otros espacios. Por eso pensamos qué se puede aportar desde lo productivo a un actor con el que generalmente no interactuamos.  Cada docente, cada estudiante que va, se encuentra con una cosa que en la vida no les había pasado y están hablando de apicultura, de horticultura, no están hablando de los procesos por los que esos pibes llegan a ese lugar. Por eso me parece más genuina la intervención de nuestra facultad, con una mirada particular. Había que reconocer a ese actor en esa situación para que nosotros también podamos pensar y hacer un proyecto de extensión", expresó Juan José.

 María Eugenia profundiza aún más considerando al actor social al que apunta el proyecto, está invisibilizado y estigmatizado tanto por la sociedad como por los medios de comunicación. "Es una experiencia transformadora, ya que el prejuicio se desmitifica y se logra ver el trasfondo del por qué están los jóvenes en ese lugar y la cuestión social que hay detrás de ello", dice.

   Una de las cosas más interesantes del proyecto, es cómo los jóvenes reciben la visita del equipo de trabajo y empiezan a apropiarse del espacio, su espacio, saliendo al parque, acondicionándolo. Luego, se empieza a notar el compromiso que se genera, ya que son los chicos los que salen a regar y controlan su espacio.

 "A veces se enojan porque no los dejan ir a regar o a revisar cómo está todo. O hacen que te avisen, que te llamen si es que hay alguna plaga o pasó algo en el invernáculo. Y porque vas y ves que está cuidado, es un espacio que se comparte, que lo comparten. Ahora hicieron unos bancos con pallets. Se va poniendo lindo y en la medida que se pone lindo te dan más ganas de ir y es interesante porque es una de las cosas que la gente de Humanidades notaba, que cuesta mucho en el trabajo que ellos hacen, en cárceles, generar compromiso con algunas cuestiones. Muchas veces con lo que tiene que ver generar algún tipo de material, un relato de un encuentro a otro. Eso les cuesta tal vez 4 meses y no pueden creer que cuiden las plantas o que cosechen y se regalen a alguien del instituto o pidan permiso para guardarlo y dárselo a sus familias cuando los van a visitar. Lo nuestro es más concreto", contó la coordinadora del proyecto.

   Otro de los aportes fundamentales es el que hacen los estudiantes, que actúan, según María Eugenia, como un "engranaje fundamental de una cadena que permite que el taller salga como sale".

   Ambos coinciden en que, si bien hay muchos proyectos de extensión que trabajen con cárceles, son pocos los que trabajan con jóvenes en contexto de encierro, donde la dinámica de esos centros es mucho más veloz ya que los jóvenes permanecen poco tiempo en esos lugares.

  Por eso, los tiempos con los que cuentan los extensionistas son diferentes. Para sobrellevar esa cuestión, entendieron que lo mejor era pensar los talleres que se dan en el Instituto en bloques para que todos pudieran completarlos.

 En cuanto a la planificación de las actividades, Garat comentó que muchas veces no se cumple con lo que prometen en torno a espacios y herramientas: "Esto te pasa en el INTA, allá o en cualquier lado y puede tener dos miradas; una  puede ser decir que no se puede laburar ahí, que a uno le sale porque también pone energía y otra es un aprendizaje de entender que uno interactúa con otra persona y que no necesariamente comparten la misma  lógica. Para ellos, cuando van allá tendrá una forma  y para  los pibes que lo reciben tendrá otra. Por eso habrá que encontrar un equilibrio para encontrar lo que satisface plenamente a las dos partes. Los grupos van cambiando, entonces la forma en la que se aborda también".

  Durante este año, del proyecto participaron 7 estudiantes de la Facultad de Ciencias Agrarias y Forestales que se reúnen semanalmente para pensar y planificar, no sólo la parte productiva de los talleres sino también algunos temas que se desarrollan de manera transversal, como la identidad, juventud y cooperativismo lo que logra generar un compromiso tanto con lo concreto como con los relatos.

"Escribieron unas historias con los chicos en un taller de identidad muy buenas, desde dónde ellos se piensan como jóvenes, cómo se ven,  por qué creen que están en el lugar donde están, su  relación con la familia y a fin de año se hizo una devolución en la que ellos tenían que marcar con tarjetas qué les había aportado el taller y salieron cosas buenísimas que ni nosotros nos hubiéramos imaginado que iban a pasar. Cosas de su realidad,  la sorpresa de trabajar con gente de Universidad, el trabajo con la tierra, todo lo que es súper enriquecedor", contó María Eugenia.

 A modo de anécdota, Juan José recuerda cómo vivió él la experiencia de entrar al COPA por primera vez: ": Yo fui durante la primera etapa del proyecto. Lo que me pasó a mí fue que uno puede tener una mirada desde dónde entender por qué están ahí, entender que están  estigmatizados, que hay una sociedad, un mundo, un sistema que los pone ahí porque en algún lugar hay que poner a la gente que no funciona como debería funcionar como lo quiere el sistema. Aun así, comprendiendo desde lo teórico, las primeras veces que iba, era pensar en que mis hijos tienen la  misma edad que esos pibes y vivieron otra vida. Para mí fue fuerte, una cosa es cruzarte a esos chicos en la calle y otra cosa es verlos ahí adentro. Y es un proceso que me parece muy largo, el revertir en el inconsciente lo que hay sobre el por qué están ahí y trabajar eso me parece interesante porque no hay teoría".

 María Eugenia, en cambio, explicó que "en la medida que vas pasando tiempo con ellos se genera tal confianza que se traduce en un abrazo, que te cuenten de su familia, las cosas que les van pasando a ellos. Y la espera, te esperan con muchas ansias, te marcan cuando no vas".

La Extensión Universitaria, materia obligatoria en Agrarias.

   La unidad académica que ejecuta este proyecto, es una de las pocas facultades que tiene dentro de su plan de estudios, la materia de Extensión Universitaria como obligatoria.

  El curso de grado en extensión, próximo a cumplir 50 años, nació en 1967 con un programa formado entre el INTA y la propia facultad con el objetivo de formar a los estudiantes para salir al medio. "Se dio en un momento particular de la Argentina en general y de una mirada de la intervención del medio rural en particular.

 "El curso tenía una mirada súper bancaria, transferencista, pero que a la vez iba al medio y generaba cosas en ese lugar y hacia acá. Era un momento en el que se entendió que había que formar a los agrónomos para trabajar en el medio rural. Se los formaba en un momento en que estaban en debate los sistemas de producción, que se decía que había que modernizar al campo, entonces los agrónomos tenían que saber cómo transferirles cosas a los productores. Ya no alcanzaba con que fueran agrónomos sino que tenían que saber sobre educación y comunicación y eso confluyó en esta facultad", explicó Garat.

  Durante las décadas del '50 y '60, los cursos de extensión era Posgrados y la formación se daba fuera del país, más precisamente en Estados Unidos para luego comenzar a ser una materia de grado, optativa en Agronomía.

 Desde hace 10 años, la materia de Extensión Universitaria se convirtió en obligatoria y la cursan más de 100 estudiantes, próximos a recibirse, por año.

 "Cuando era optativa arrancaban 15. Cuando yo empecé, en los ‘70 hasta el 75, arrancaban muchos más y siendo optativa. Luego cayó la inscripción y, cuando ingreso a la cátedra, en el ‘90, arrancaban 15 y terminaba la mitad, los que realmente  querían hacer la materia. Ahora que es obligatoria, ya no me importa si querés o no hacerla ya que tenés que salir de acá con esa formación de acuerdo con el enfoque que tenemos en esta facultad y después verás cómo lo retomarás en tu vida profesional.

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