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Pequeños cineastas
Camila Bejarano, directora del proyecto de extensión Universitaria “Yo te cuento, vos ¿Me escuchás?” de la Facultad de Bellas Artes fue la encargada de contarnos cómo funciona el Taller de Cine “Globo Rojo”, destinado a niños del barrio de Tolosa.
Cine globo rojo

"El taller inició en 2011 en el barrio de Tolosa con la necesidad de generar un espacio de acceso al mundo del arte y de la cultura para todos los chicos del barrio y para poder acercarse a chicos en situación de vulnerabilidad y, como Tolosa tiene instituciones que trabajan con  chicos, tuvimos la idea de ayudar a las instituciones del barrio reforzando su trabajo y aportar desde un área vinculada al arte poco explorada por los chicos que es la de las artes audiovisuales o el cine", explicó Camila Bejarano.

  Apoyados en las políticas sociales que se estaban llevando adelante por parte del Estado para fortalecer la inclusión mediante clubes de barrios, bibliotecas populares y talleres, etc. "El Globo Rojo" comenzó, en 2011, a formar parte de esa etapa de reentramado social.

 "El taller empieza en 2011 en el Centro Cultural Tolosa Cultural, que era un centro autogestionado y su director era Fernando Demarchi, con la modalidad de taller gratuito.  En el segundo año, empezamos a advertir barreras económicas y  geográficas que estaban resueltas porque era gratuito y estaba en el barrio. El tema era la barrera simbólica, los nenes pasaban, miraban y no se convencían, los mismos padres pensaban que no era un espacio para sus niños. Entonces pensé que debíamos ir nosotros a ellos. Por eso en 2012 empezamos a darlo en la casita de apoyo familiar Refugio del Ángel que es una casita que ofrece apoyo escolar y alimenticio y de prácticas higiénicas. No sólo es un espacio de acompañamiento sino de nutrición en sentido amplio, a la que asisten chiquitos en situación económica y social complicada", contó la directora del proyecto.

 Los chicos asisten al "Refugio del Ángel" a contraturno de la escuela y, para formar parte del lugar, es condición que vayan a la escuela y que sus papás tengan o estén buscando trabajo ya que el tiempo que pasan en la casita es un tiempo que no pasan en la calle. 

 En los inicios del proyecto, el trabajo fue realizado Ad Honorem y con dinero que destinaba la Directora para las actividades. Por esa razón, el equipo era pequeño y estuvo ayudado por las docentes Luciana de la Canal y Bárbara Vallegas.

 Para 2014, el Proyecto del Globo Rojo recibió el subsidio proveniente de la Secretaría de Extensión de la UNLP lo que hizo que el equipo se ensanchara y se convoquen más estudiantes de la carrera de Cine de Bellas Artes. "ese momento fue clave porque al crecer el equipo de trabajo, se generó una dinámica de trabajo con los chicos mucho más fluida, particularizada. La casita tiene nenes de 2 a 12 años y están separados en grupos físicos y de actividades. Nosotros trabajamos con los chicos de 6 a 12 años. Pero tenés, en ese rango, condiciones y cualidades y capacidades muy grandes.

 Al poder ampliar el grupo de estudiantes, empezamos a poder hacer una cosa más particularizada por edades", comentó Camila Bejarano.

  Una de las cosas que Camila observó en su trabajo es la relación que los niños tienen con el Cine, ya que desde los 4 años están en contacto con lo audiovisual, recordando planos y juguetes ópticos.

"Ellos van aprendiendo a partir del juego y de la exploración, las nociones que tienen que saber del lenguaje audiovisual. Vemos películas pero el eje está puesto en que ellos las hagan, hay dos grandes etapas. Una de visionado de materiales y la otra de producción.

 

 Ellos hacen desde la ida original, primaria, hasta la obra final, todo el proceso", explicó Camila.

 La directora del proyecto, comentó que los chicos se integran al taller con alegría y fascinación, ya que los tiempos de hoy hacen que desde muy chicos estén en contacto con el mundo audiovisual y necesitan reconquistar el extrañamiento y la sorpresa.

"En esta época los tiempos de la infancia fueron reducidos por diferentes factores, A veces los adultos los apuran con ciertas prácticas que los fuerzan a entrar al mundo de los adultos desde pequeños. La velocidad de los tiempos, la entrada a problemas, prácticas, eso que nos pasa a los adultos que empezamos a no poder jugar, lo lúdico queda de lado por las obligaciones y por ese desangelamiento en la mirada. Entonces, uno de los ejes del taller es recuperar ese espacio de juego, de la exploración.  Son nenes que en general son muy exigentes consigo mismos y les cuesta mucho el error. Se equivocan y se enojan y eso también tiene que ver con el mundo adulto, con ver al error como un problema y no como posibilidad de aprendizaje. Hay un trabajo que tiene que ver con fortalecer la capacidad de juego, la autovaloración y poder construir una imagen de sí más ensanchada simbólicamente", contó Bejarano. 

 La obtención del subsidio económico por parte de la Secretaría de Extensión de la UNLP, simplificó el trabajo y generó una evolución en el mismo. Durante el segundo año con subsidio, se pudieron trabajar dos ejes dentro del Proyecto: "Derechos del niño" y "Otros mundos", intentando expandir el mundo y ampliar los derechos.

"El expandir el mundo tiene que ver con qué actividad podemos generar que tenga que ver con el encontrarse con la otredad, con lo desconocido y ahí trabajamos con una salida al planetario, que les fascinó y de pronto en la sala preguntaban si estaban viajando en serio, entonces fue como un encuentro con la mirada de la infancia", explicó la directora del taller.

 Camila nos contó que esa actividad les llamó tanto la atención que traspasó el taller y llegó a las casas de los niños. Como anécdota, remarcó que una de las niñas más tímidas de la casa, luego de la actividad del planetario, asistió al taller con recortes de diarios que hablaban sobre eclipses y figuritas de planetas, lo que llevó a entender que había comentado la experiencia en su casa y su familia la ayudó a buscar más información sobre el tema que le había gustado. Lo que se intenta con ese tipo de actividades es romper la barrera simbólica y demostrarles que sólo hay un micro de distancia tanto con la Universidad como con el Planetario.

"El año pasado, en relación a los derechos del niño, detectamos que los chicos sabían lenguaje de señas porque una profe les había enseñado. Entonces trabajamos los derechos del niño en lenguaje de señas. Hicimos una actividad de rodaje, de spots con esa temática. Relacionamos una experiencia previa con nuestro objetivo de generar esa producción.

 Este año estamos trabajando con el acceso a la cultura en relación con la escuela de ciegos 515 y la idea es que los chicos del taller generen materiales audiovisuales pensando en chiquitos que no ven o que tienen dificultades de visión", contó Camila Bejarano.

 Desde el Proyecto, se intenta siempre interactuar con otras instituciones y establecimientos como fue el caso de la biblioteca "Del otro lado del Árbol" ubicada en Parque Saavedra, el Planetario y la Biblioteca Braille digital parlante de la Provincia de Buenos Aires.

 La directora del proyecto observó un cambio en las coordenadas sociopolíticas y culturales a principios de este año, aparejadas con el cambio de Gobierno a nivel tanto local como provincial y nacional que generó atrasos a la hora de volver a las actividades generando cierta inestabilidad en los espacios donde se realiza el proyecto.

 Es por eso, que el trabajo del taller hoy cobra mucha más fuerza. "Nosotros tenemos, por un lado, el trabajo concreto de expandir el universo simbólico como proyección a futuro, pero en lo inmediato, con lo que tiene que ver con la felicidad, el disfrute, el derecho de todo niño, a veces se vulnera. El de la felicidad del juego y el del acceso a la cultura también, porque tal vez los nenes tienen música en la escuela primaria o plástica pero queda reducido a ese espacio institucional cuando todos sabemos que no es suficiente, sobre todo en relación a un grave problema de esta época donde los padres exponen a los nenes a las pantallas sin ningún tipo de cuidado, mediación o atención. Entonces también hay una exposición a temáticas, procedimientos que tienen también que ver con el mundo adulto, la violencia, al sexo y la velocidad. Hay un exceso de estímulos, hay exceso que aleja del juego", explicó Camila.

  A la hora de la producción audiovisual, los chicos comienzan haciendo trabajos pequeños de rápida resolución donde trabajan planos y sonidos para que al finalizar el año puedan generar una gran producción que articule todos los conocimientos que adquirieron durante el año. Ahora, la actividad del taller está abocada a la transposición audiovisual de un cuento dado por la escuela de Ciegos para que los chicos hagan la sonorización y guiones para luego presentarlo a los chicos no videntes.

"El cine es un lenguaje artístico que se caracteriza por el trabajo colectivo y hoy, ni los chicos ni los adultos estamos acostumbrados a un buen trabajo grupal, nos cuesta a montones y más en el caso de ellos que tienen distintas edades y además están tanto tiempo juntos que se aman y se odian como los hermanos, hay que ir negociando esas dinámicas de trabajo grupal.

 A veces  se organizan ellos y otras veces lo establecemos nosotros. Hay trabajos que son individuales y otros en los que articulamos y tienen que ver con la complejidad del lenguaje audiovisual. La historia hay que armarla entre todos, pero no entre todos, entonces armamos tres historias, porque son 15 o 16 chicos", contó la directora del proyecto.

  Teniendo en cuenta lo que le falta al taller, Camila puso el énfasis en el proceso de edición que no están pudiendo integrar, por un lado por una cuestión tecnológica ya que se necesitaría una computadora que sea del proyecto y no las personales de los integrantes del mismo, ya que les gustaría sumar a ese trabajo a los chicos más grandes que ya pasaron un recorrido de varios años en el taller, para jerarquizar su conocimiento y experiencia.

   Otro objetivo del taller es trabajar sobre la revisión de estereotipos que los chicos tienen. "De pronto, la tendencia de los nenes es hablar de futbol, entonces hacemos que piensen qué pasaría en otro mundo, al igual que las nenas con las princesas, el rosa, ir jugando con los colores. No para decir que eso no, sino para que tengan opciones. Ellos lo reciben bien pero también con resistencias, hay tensiones, el hecho de trabajar en una modalidad de taller implica trabajar con reajustes encuentro y también desencuentros y sobre eso hay que trabajar", agregó Camila Bejarano.

 Uno de los mayores problemas que ve dentro y fuera del taller la directora junto con su grupo de extensionistas es la falta de tiempo de juego físico, no reglado, lo que hace que los chicos estén desbordados de energía, con ganas de reírse, de moverse y de jugar. Eso lo atribuyen a la pérdida de los espacios públicos para jugar, lo que genera que los nenes tengan mucha energía que no pueden orientar y puede transformarse en violencia.

 Consultada por las limitaciones o problemáticas que observa a la hora de llevar a cabo las actividades del proyecto de extensión, la directora plantea que lo primero que surge como problemática es lo que pueden hacer ellos como grupo ante situaciones complejas que requieren de trabajo transdisciplinario o del Estado. Desde el taller se puede "suavizar" pero no modificar cada situación compleja.

   "En relación específica al trabajo artístico del taller, el trabajo colectivo es clave porque poder construir zonas de consenso y jerarquización del trabajo colectivo proyecta que ellos en el futuro puedan generar acciones colectivas sobre todo porque ha habido, en la Argentina, procesos políticos culturales que lograron la fragmentación a la altura del lazo social y sobre eso hay que trabajar mucho.

 Frente a crisis surge el encuentro, la solidaridad, pero también surge lo otro, entonces el trabajo colectivo es expansión de universo simbólico que les permita encontrarse con otros y encontrarse con ellos y ver las cosas de las que son capaces. Y es necesario que sea desde el arte", expresó Camila.

  Ante la pregunta de por qué eligieron ese lenguaje artístico para desarrollar el taller, la directora del proyecto especificó que se eligió el cine el lenguaje audiovisual porque es su espacio de formación y porque, teniendo en cuenta la fuerte presencia de lo audiovisual en la vida cotidiana, es raro que no forme parte de los espacios curriculares oficiales, lo que genera una tendencia a generalizar que lo que la cámara filma es la realidad y no una construcción que se puede transformar.

  En relación al futuro del Proyecto, Camila Bejarano contó que a partir del año pasado se sumó una  co directora,  Paula Canova, una coordinadora para el área audiovisual que es Gabriela Victoria y  otra profesora de multimedia que es Paula Castillo, con el objetivo fundamental de que ese grupo humano crezca, se fortalezca y que estos estudiantes avanzados de artes audiovisuales que son fundamentales en el desarrollo del taller porque lo hacen posible, pero también porque fortalecen el trabajo extensionista de la Universidad, sigan asistiendo y puedan hacerse fuertes en el trabajo extensionista

 "Hay un trabajo que tiene que ver con ese fortalecimiento y con la replicación que esos estudiantes pueden hacer de esas prácticas. Y luego, objetivos en relación a sitios webs que tenemos que reactivar. Y además volver a armar el proyecto para poder recibir un subsidio nuevamente ya que eso es lo que le da sostenibilidad en el tiempo, porque la voluntad tiene un límite. Es un trabajo muy exigente, donde cada año nos proponemos objetivos más complejos y más a largo plazo y poder sostenerlos y llevarlos adelante implica no solo la buena voluntad sino la posibilidad material de sostenerlo", concluyó Camila Bejarano.

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