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Berisso con identidad Mocovi
En el área de investigación de la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de La Plata, nos recibieron Daniela Degano, Susana Rovira y Natalia Rodriguez, Directora, Co directora y participante del proyecto de extensión Universitaria “Construir Identidad”.
Mocovi

El proyecto, que modificó su subtítulo pero no así su identidad, se enfoca en el trabajo dentro del barrio Mocovi de la ciudad de Berisso y fue demandado por los propios destinatarios.

 "Lo interesante de este proyecto es que nosotros no lo buscamos, sino que nos convocaron ellos, los habitantes del barrio, para trabajar. Se acercaron a la facultad contactándose con alumnos", contó Daniela Degano.

 Los mocovíes fueron una sociedad cazadora-recolectora que, hacia el siglo XV, habitaron las tierras de lo que hoy conocemos como Chaco y Santiago del Estero.

 Desde la comunidad Mocovi de Berisso, se contactaron en primera medida con estudiantes de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la UNLP para poder constituirse como una entidad sin fines de lucro y así comprar las tierras, de 40mts por 200mts, que ya tenían en comodato.

 "Con esa necesidad y la ayuda del Instituto Nacional de Asuntos Indígenas (INAI), pudieron obtener las escrituras y se convirtieron, así, en la primera comunidad originaria de la provincia de Buenos Aires en tener una tierra propia fuera de su lugar de origen. Por eso se acercaron para que los ayudemos con la organización de esas tierras", explicó Susana Rovira.

 Natalia, una de las alumnas participantes del proyecto, contó que los habitantes de este barrio de Berisso son oriundos de una comunidad originaria de Santa Fe y que las tierras donde viven son comunitarias por lo que no pueden venderse independientemente y todo lo resuelven y deciden mediante asamblea. Incluso a quién va destinado cada lote o cada casa.

 "Los integrantes de la comunidad vinieron a la facultad a un seminario que duró tres días donde plantearon sus necesidades mientras los estudiantes trataban de traducir el proyecto que estábamos planificando a cosas que fueran entendibles para ellos por lo que se armaron maquetas para que vieran cómo iban a ser las viviendas. Ellos nos fueron marcando cómo les gustaría que fueran las casas, cómo debían ir ubicadas para tener cohesión como grupo ya que había bastante unidad. Como son un pueblo guerrero, las casas debían estar espalda con espalda para poder defenderse", contó Susana.

 Durante el seminario, surgió una necesidad común que era la de contar con un espacio para poder darles de comer a los niños de la comunidad. Así fue como los integrantes de "Construir identidad" resolvieron comenzar a trabajar construyendo un comedor que sea un lugar común.  

 Las responsables del proyecto contaron que el comedor se hizo con sobras de maderas y cosas que se juntaban, era precario y estaba ubicado donde originalmente en el proyecto iba a estar la plaza.

 "Ellos mismo hicieron esquemas del proyecto, sobre todo las mujeres y con eso armamos una carpeta para pedir financiamiento. Sólo contábamos con el dinero del proyecto de extensión que nos alcanzó para comprar tierra a utilizar en el relleno del terreno que es muy bajo y las inundaciones se sufren, más que nada en la parte de atrás. Cuando llueve mucho, como las viviendas se inundan terminan utilizando el comedor como refugio. Es un lugar de uso común", explicó Daniela.

  A la hora de trabajar, Susana contó que la organización pasó por varias etapas y enalteció la capacidad de organizarse en asambleas para poder tomas todas las decisiones de esa forma. "Si nosotros proponemos algo, llaman a asamblea, ahí se expone o vamos nosotros a contar la propuesta y ellos deciden si se hace o no. A veces, los intereses individuales se superponen a los colectivos" dijo la co directora del proyecto.

 En tanto, Natalia agregó que la organización entre las dos partes siempre fue compleja, ya que es una comunidad bastante cerrada, pero rescata la buena transferencia que hay entre ellos, lo que permite una buena comunicación en un ambiente de plena confianza.

 "Como va mucha gente interesada, ellos desconfían, no se abren fácilmente. Por eso, cuando ser terminó e comedor, fue entregado a la comunidad. Nosotras sólo ayudábamos con las compras, las gestiones ante el INAI, pero la cuenta de caja de ahorro siempre estuvo a nombre de la comunidad y nosotros oficiamos como sus arquitectos", agregó Susana.

 Ante la apertura de una nueva convocatoria a proyectos de Extensión desde la Secretaría de Extensión de la UNLP, la directora del proyecto, contó que están pensando la metodología de trabajo y necesidades a trabajare durante el próximo año. "Habíamos presentado un expediente para hacer viviendas nuevas  y mejorar las que estaban en mejor estado, pero ahora se frenó", dijo Daniela Degano.

 Una de las cuestiones más urgentes e importantes, fue la realización de módulos sanitarios para cada casa, no sólo por lo que respecta a la higiene de cada persona sino también por la discriminación que genera su ausencia. "Lo hablamos con la gente de antropología, porque además de ser una necesidad básica, existe una discriminación entre ellos, más que nada entre los niños, separando quien tiene baño de quien no", explicó Natalia Rodriguez.

 La intención primera fue la de hacer baños para todas las casas y al ver que no era viable, priorizaron a los más perjudicados. Por eso optaron por la creación de módulos sanitarios con el baño, una pileta y contra piso que pueda integrarse a la vivienda con el material del que disponga cada familia.

 La mención a los estudiantes de antropología fue el puntapié para que Susana Rovira exprese su opinión acerca de la interdisciplinariedad en los proyectos de extensión, considerando como problema a resolver la poca conexión que hay entre proyectos, lo que no permite trabajar en conjunto. Como posible solución, planteó la delimitación de un problema por zona para que cada Facultad pueda ofrecer sus aportes de acuerdo a la problemática.

 "Nosotros tenemos el comedor terminado y no se utiliza mucho. Ahora se está dando FinEs y se acerca gente a preguntar cosas para la que nosotros no tenemos respuestas porque somos arquitectos y no trabajadores sociales, ahí reside la importancia de la interdisciplina", explicó Rovira.

 En consonancia con los dichos de la co directora del proyecto, Natalia agregó: "Muchas veces, todo el esfuerzo que hacemos se pierde porque no todos llegan al FinEs. Hay mucha gente analfabeta en el barrio y no se acercan porque se sienten menos, hay autoexclusión. Dentro de la franja etaria entre los 15 y los 25 años, hay una gran cantidad de chicos y chicas que no estudian ni trabajan y es muy compleja la trama social y está lejos de nosotras poder solucionarlo".

 La llegada del Plan FinEs a la comunidad Mocoví, hizo que vecinos de otros barrios se acercaran a tomar clases, lo que generó un acercamiento con la gente de la comunidad, ya que la discriminación se presenta fuertemente en frases como "ahí están los indios".

 "La gente de antropología llevó un maestro de su lengua, para que puedan estudiar Mocovi. El problema es que ellos dependen de este tipo de proyectos que duran un año y, en esta comunidad, tal vez se necesite más de un año para que te saluden", comentó Natalia.

 Todas coinciden con que un año es muy poco tiempo para trabajar en y con la comunidad Mocovi porque no entran en confianza de manera veloz y recuerdan que la primera vez que fue Daniela, la directora del proyecto, al barrio, pensaron que era alguien que iba a inspeccionar, que era, en sus palabras, "una vigilante" porque tomaba fotos y recorría las casas.  "Yo fui a hacer relevamientos y sacar fotos y ellos se pensaban que era la buchona. Después de un tiempo se dieron cuenta que no era así", concluyó Daniela Degano.

Dentro de la comunidad, los niños son los que intentan romper las barreras que separan al Mocovi de los demás habitantes del barrio. Eso lo logran, principalmente, en la escuela. "Los nenes van a la escuela de la zona y hay una cuestión de acercarlos con acompañamiento y apoyo escolar. En ese sentido, rompen barreras y generan identidad con ellos mismos. Hay mucha gente en la comunidad que no dice que son Mocovíes y hasta se han cambiado el apellido. En los más chiquitos eso va cambiando, algunos se esconden y otros no", explicó Natalia.

 Las referentes del proyecto se refirieron a las modificaciones que observaron dentro de la comunidad durante el tiempo que llevan trabajando con ellos. "Ahora cambiaron las necesidades y nos enfocamos más a su organización. Ellos cambiaron socialmente y crecieron micho en la última década, algunos más que otros y eso genera diferencias entre ellos. Aquel que no tenía trabajo cuando empezamos, hoy tiene uno estable y auto. Eso genera competencia y miradas sesgadas", comentó Daniela.

 Todos los proyectos de extensión están llenos de anécdotas que forman parte del trabajo y del intercambio de sentidos y conocimientos que todos los equipos vivencian con la comunidad. El equipo de "Construir identidad", recodó una situación con los niños de la comunidad y la tecnología.

 "Desde el proyecto de Extensión "E-Basura" (véase n°2 de Revista Extensionistas), nos donaron computadoras para poder poner en el comedor y ser utilizadas en las clases de FinEs. Para que estén al resguardo, decidimos armar un cuartito protegido por rejas. Para eso, nos contactamos con un herrero que nos ayudó y cobró barato. Ese día hacía mucho calor y tuvimos que esperarlo largo rato en el barrio. Con nosotras estaban todos los nenes, entusiasmados, preguntando si iban a poder usar las compus, si iban a poder hacer letras, estudiar con ellas. Cuando apareció la camioneta del herrero, todos los nenes salieron corriendo atrás suyo, como si fuera la escena de una película y no se movieron hasta que se terminó el trabajo", recordó Daniela.

Extensión es...

"En extensión se renovó la cuestión de devolverle algo a la comunidad que había quedado obsoleto. Es cómo la Universidad llega a la comunidad pero en un trabajo en conjunto. Es la confrontación de la teoría con la práctica de modo cabal. Yo no sé quién aprende más de quién, se aprende de otras realidades a las nuestras", Natalia.

 "La extensión hace a la formación nuestra y también a los alumnos que forman parte del grupo de extensión. Es aprender juntos y estar abiertos a todo lo que te brinda el otro. Te ayuda a capacitarte para elegir bien lo que a ellos les conviene pero teniéndolos en cuenta siempre, como protagonistas", Susana.

 "Es la importancia de formarse en lo comunitario, porque en nuestra disciplina no hay casi materias que te lleven al barrio. Te formás para hacer hoteles pero no te acercan a lo realmente necesario en materia social de la disciplina, lo que es una deuda", Daniela.

 

 

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