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Cuando “La Fábrica” se convierte en hogar
“La Fábrica” es un predio en Gorina, dentro de la localidad de La Plata que recibe ese nombre por la instalación industrial abandonada que contiene y se encuentra ocupado por alrededor de 180 familias. Desde la Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Nora Ponce y Emilio Sessa le dieron vida, hace 10 años, al proyecto “Aportes a la consolidación social, urbana y arquitectónica” en el barrio “La Fábrica”.
La fabrica

 El proyecto, que  se presentó junto con investigadores y alumnos de arquitectura y de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, más precisamente con el departamento de historia, busca, entre otras cosas, recuperar la historia del barrio, la identidad de "La Fábrica". Además, al equipo de trabajo se sumó el antropólogo Adrián Bonaparte, de la Facultad de Periodismo y Comunicación Social, quien se encarga de la parte social y el armado de encuestas y entrevistas que se fueron realizando a los vecinos del barrio a modo de diagnóstico.

 En primera instancia, la idea del proyecto surgió a partir de un convenio que se hizo en conjunto la Secretaría Nacional de Tierras que luego  derivó en la Secretaría de Acceso al Hábitat.

 "Cuando el arquitecto Rubén Pascuallini nos presenta el caso y nos dice que quieren tomarlo como caso testigo para luego actuar sobre están intervenciones, le estaban otorgando a la Universidad un rol muy importante, porque debía trabajar en conjunto con el Estado complementando una de sus funciones", comenta Emilio Sessa, co director del proyecto. Y continúa: "Le estaban pidiendo a la Universidad el desarrollo a fondo de  un caso testigo. Y ahí había tres campos: la regularización dominial, el problema urbano y el arquitectónico".

  Los responsables del proyecto, concuerdan en que en ese lugar pueden verse las diferentes etapas de la economía argentina. Pasó de ser un haras para criar caballos en 1912 a un laboratorio que dependía del Instituto Malbran, durante la Guerra gracias a la sustitución de importaciones. Con el fin de la Guerra se transformó en industria textil, hacia comienzos de la década del '60 y en 1976, ligado al quiebre de la industria nacional, se fundió.

Finalmente, la década del '90, encontró a "La Fábrica", en situación de ocupación.

 "En este momento viven aproximadamente 500 personas organizadas en 180 familias con la condición que es un lugar que tiene edificios muy importantes del haras y de la industria, además de una vegetación importante y la gente la ha conservado ya que vive poco dentro de los edificios porque construyó sus casas alrededor", contó Emilio.

  Cuando llegaron al barrio por primera vez, decidieron trabajar interdisciplinarmente por la Facultad de Trabajo Social realizando un relevamiento tanto social como físico entrevistando familia por familia, inventariando cada casa para obtener un estado de situación inicial. A su vez, se numeraron las casas, las ubicaron en dibujos y dividieron el barrio en zonas que generó organización dentro del mismo.

"Fuimos recorriendo con ellos, con los que se ofrecieron como posibles referentes y tratamos de identificar cuáles podrían ser las zonas, viendo hasta dónde llegaba cada una, cómo se podían separar.  Había algunos límites físicos, casas, senderos, etc. Lo que hacía falta era que alguno de ellos tome el rol de referente del lugar y nos ayude a avisarles a todos los vecinos que íbamos a pasar con la encuesta", relató Nora Ponce, Directora de "Aportes a la consolidación social...".

 En medio de la recorrida, se encontraron con un personaje vistoso y reconocido, el "Hermano Manuel". Brujo y curandero vinculado a instituciones deportivas de nuestra ciudad y alrededores, es uno de los habitantes de "La Fábrica" a quien no le agradó demasiado la idea de regularizarse y hasta llegó a amenazar a los agrimensores que medían el lugar.

 "Hay algo interesante, los habitantes regularizados del entorno se llevan muy bien con la gente de la fábrica, no hay conflicto. Como también la escuela y la cooperativa del agua que participan del proyecto", comentó Emilio.

 Fue la misma comunidad de Gorina quien le presentó al equipo de trabajo un pedido para construir en el predio un edificio de escuela secundaria, ya que Gorina tiene por Estatuto asignada una escuela secundaria pero como no tienen edificio funciona de forma nocturna en la escuela primaria. "Los chicos cuidaron una parte del predio, durante mucho tiempo, con un alambre que lo pagaron entre todos para destinar ese lugar a la construcción de la escuela", agregó Sessa.

 La tierra donde se encuentran las familias, sigue estando en manos de sus últimos propietarios, los dueños de la fábrica. Pero hace más de 30 años que la gente vive ahí y nadie reclamó nada. "Todo eso tuvo un proceso que lo seguimos en el proyecto, iba a haber casas nuevas, un plan de organización general. Hay una pieza muy grande que es uno de los edificios de la industria que se va a vaciar para poder agregar casas. Teníamos un prototipo de casa donde se podían agregar barrios o casas sueltas a la estructura de la fábrica y después se iban a completar  como cada uno lo quisiera", explicó Nora.

  A medida que pasa el tiempo, el barrio cambia y los vecinos demandan nuevas soluciones, los llaman. Los responsables del proyecto saben que está latente y que lo más importante en este momento es poder recuperar los papeles  como documentación probatoria de los vecinos que entregaron a la Secretaría de Tierras. "Como la Secretaría se desarmó, queremos recuperar la documentación para devolvérsela a los vecinos, porque es lo único que tienen de esas tierras. No queremos volver a La Fábrica sin eso, porque ellos depositaron  muchas expectativas en nosotros", dijo Emilio Sessa.

  Respecto a la interdisciplina, ambos coinciden en su importancia por las diferentes miradas del problema que acercan, ya que en este caso en particular, hubiera sido imposible el trabajo sin las Facultades de Agronomía, Humanidades, Periodismo y Agrimensura.

  Pero los problemas habitacionales del barrio "La Fábrica" traen aparejados otros donde se pone en juego la salud y el trabajo de las personas que lo habitan. "Cuando hicimos el relevamiento, les pusimos un número a cada casa y muchos de ellos lo grababan en las puertas como una manera de empezar a regularizarse porque no les llega la correspondencia, no pueden dar su dirección en ningún lado, su DNI lo hacen con un domicilio que no es el real", explicó la directora del proyecto.

 Emilio, agregó que: "No pueden tener celular y tampoco pueden entrar las ambulancias ni los bomberos. El agua se la provee la cooperativa de agua por un tema de saneamiento, ellos mismos lo decidieron. Luz tienen y cada uno tiene su medidor, pero lo que no tienen es estructura de cloaca. Todo eso va a unos caños que tenía tendidos la fábrica pero nadie sabe dónde va a parar. Ese es un tema de ingeniería".

 De cara a la nueva convocatoria de proyectos de Extensión de la Secretaría de Extensión de la UNLP y el nuevo mapa político nacional, provincial y local, el equipo de trabajo  se propuso modificar los objetivos que, hoy en día, pasan por recuperar la información que tenían, actualizarla con datos del barrio y acercársela nuevamente a los vecinos.

"Pasa algo muy interesante con este proyecto que es algo histórico, porque tenemos a Nación, Provincia y un Municipio trabajando en conjunto con la Universidad en un mismo tema, una misma causa. A nosotros no nos parecía tan complicado pero evidentemente lo era porque al cambiar todo, debemos volver a reconfigurar el proyecto", se lamentó el co director del equipo extensionista. Y remarcó la importancia de la Universidad: "La Universidad abre puertas. La gente se acercaba porque confiaba en nosotros, se generaban reuniones, porque éramos de la Universidad".

  Para finalizar los dos protagonistas de esta entrevista, nos contaron qué es lo que se llevaron del barrio en estos 10 años de proyecto. La esperanza de la gente, fue el denominador común de las respuestas.

 "Me llevo la ilusión de los chicos, ellos nos la contagian. La directora de la escuela con contaba que ahí hablaban y contaban que les íbamos a arreglar la fábrica. La gente vive muy mal ahí.  Yo me acuerdo una escena en una casa en la que vivía una mamá con 3 chicos. La casa era un ambiente de madera un bañito. Y cuando entramos, la mamá le estaba preparando a los chicos el almuerzo para que fueran a la escuela. Era un guiso carrero, arroz con lo que encontrás. Los alumnos, volvían conmocionados porque se encontraban con otra realidad a sólo 10 minutos de La Plata", expresó Emilio Sessa.

 "Es interesante ver cómo la gente en la vivienda proyecta muchas expectativas de su propia vida. Veíamos el proceso de cómo se generaba el asentamiento. Ellos primero tienen el terreno, instalan la casilla y luego va reordenando su propio hábitat y muchos de ellos, luego la hacen de material, la forran con el ladrillo y a partir de eso fuimos haciendo es estudio para pensar qué mejoras se podían hacer. Y ahí vos ves toda la dignidad que ellos pueden esperar, todo está puesto en su casa. El antropólogo nos decía que les hagamos preguntas sobre sus hijos, porque es preguntarles sobre cuál es el futuro que están buscando o están esperando", concluyó Nora Ponce.

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